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18.11.13

Epílogo


 Sí, sé que soy mala persona. Porque no escribí nada esta semana y el sábado tampoco. Pero no he parado por casa y os traigo varias sorpresitas. Lo primero, el nuevo diseño del blog y el epílogo de esta historia que ya ha llegado a su fin.
Sin más, os dejo aquí el epílogo de Cerca de ti. Espero que no os decepcione y, sobre todo, necesito vuestra opinión. Es la primera novela que escribo y sé que no es lo mejor, aunque espero ir mejorando con el tiempo.

Un besazo infinito. Disfrutadlo


Carol abraza a Lucía. Vero se enjuga una lágrima rebelde. Mateo mira al horizonte, por donde ha desaparecido Aroa hace unos instantes. Parece una fotografía. Nadie se mueve y nadie sabe qué hacer a continuación. Simplemente esperan a que pase algo.
-Será mejor que nos marchemos.-Mateo carraspea, y su mujer lo mira con ternura, asintiendo levemente.
-Nosotros vamos yendo al coche.-Carol se despide con una gran sonrisa.-Os esperamos allí.
Asienten. Lucía y Vero continúan mirando al horizonte. Tampoco saben muy bien qué hacer ni qué decir. Se sienten solas. Como la última vez que Aroa se fue. Pero esta vez tampoco está está Natalia. Lucía baja la mirada. Tiene miedo de que finalmente ellas también terminen distanciándose. Pero eso no podría pasarle a ellas, ¿no? Vero suspira y le coloca una mano en el hombro.
-Nosotras también deberíamos irnos.
Lucía gira la cabeza y la mira de soslayo. De repente, se siente aún más sola. Ella sabe que Aroa no va a volver nunca. Víctor se lo dijo. Lucía se abraza a Vero repentinamente.
-No me gusta esto, Vero.-La respiración de Lucía comienza a agitarse y su voz se torna ronza, como si estuviera tragándose las lágrimas.-No quiero que esto nos pase. No quiero que nos separemos.
-Pero eso no va a pasarnos.-Dice Vero en un susurro, hundiendo su mano en el pelo negro de Lucía.
-¿Y tú como lo sabes?-Sus ojos azules ahora atraviesan a Vero. Brillan y están llorosos.
-Créeme. Con nosotras no puede nada.-La muchacha saca fuerzas y compone una pequeña sonrisa que parece calmar un poco a Lucía.-Y ahora, vámonos. Aquí vas a ponerte peor.
-Sí, vamos al coche....-La voz de Lucía se apaga al mirar a un rincón del aeropuerto. Sus ojos se abren enormemente impactados. Su tono se vuelve algo frío.-Bueno, creo que a ti viene alguien a buscarte.
Vero gira la cabeza. Su corazón lato feroz y su respiración se dispara. No puede creerlo. Es Marcos. Se muerde el labio, intentando reprimir la estúpida sonrisa que amenaza con aparecer en su rostro. Se recuerda a sí misma lo que le hizo. Cabecea lentamente, como si no quisiera creérselo.
-Bueno, yo me voy. He quedado con Aitor. Si necesitas algo, ya sabes.-Lucía besa su cabeza y rápidamente echa a correr hacia donde están sus padres esperándola.
Vero mira a su alrededor. Marcos se está acercando. Su corazón va a explotar y no sabe qué hacer. Sí, tendría que decirle que no quiere saber nada de él, que tiene cosas más importantes que hacer, que no le importa. Pero sabe que sería mentira. Que la anterior Vero ha desaparecido y que él la ha cambiado por completo. Su simple presencia la ha dejado petrificada. No puede ni pestañear y sus ojos negros ya se encuentran a milímetros de los suyos.
-Vero...yo...Necesito que hablemos.-Vero no reacciona. Marcos espera con vacilación a que diga algo, pero su expresión es impenetrable.-Verás...quería...
-¿Querías qué? ¿Decirme que la cagaste? ¿Que me mentiste? ¿Querías presentarme a tu nueva novia?-El tono de Vero aumenta a cada momento. Marcos la mira con el ceño fruncido. Acto y seguido, compone una pequeña sonrisa cálida.
-A mi nueva novia no, pero a mi hermana sí.-De la nada, aparece una chica alta, de pelo rubio muy rizado y de ojos oscurisímos como Marcos. Tendrá veinticinco años. Es preciosa. A Vero le arden las mejillas y no entiende nada. O quizás prefiere no entender.
-Hola. Tú debes de ser Vero. Mi hermano me ha hablado mucho de ti. Yo soy Esther.-La chica empieza a hablar y una sonrisa comienza a aparecer en su cara. Vero vuelve a quedarse paralizada. ¿De qué va todo esto?
-Verás. El otro día, cuando te dije que estaba enfermo, no mentía. Pero ella vino de Alemania, donde está estudiando y me dio una sorpresa. Seguramente, la voz que escuchaste por el telefonillo, fue la de ella.
Vero no sabe dónde meterse. Se siente muy avergonzada y más, teniendo en cuenta que Marcos lo ha tenido que decir delante de Esther.
-Eh, tú tranquila. Es normal, yo también me hubiera puesto como una fiera.-Esther sonríe a Vero con dulzura e, inmediatamente, comienza a caerle bien.-Yo me voy marchando a casa, Marcos. Espero que solucionéis las cosas. Y Vero, siento las molestias causadas.
Esther se marcha tras sonreír a Vero, moviéndose con elegancia.
-Bueno...Ahora espero que puedas perdonarme.-Marcos mira de reojo a Vero y sonríe con picardía. A Vero le retumba el corazón en los oídos.
-Eres tonto.-Vero lo abraza. Él la envuelve entre sus brazos y por una vez se siente a gusto, rodeada entre el calor que emana su cuerpo. Ella no tendría que haber salido nunca de ahí. Marcos la estrecha más aún.
-Tú eres la tonta, mira que piensas estupideces.-Marcos le agarra de la barbilla. Sus dedos queman su piel y ella se estremece.-Prométeme que vas a confiar más en mí.
El intenso ardor se vuelve a apoderar de sus mejillas y ella se pierde, como semanas atrás, en la peligrosa oscuridad de sus ojos. Sonríe con timidez.
-Te lo prometo.
Y con un beso, Marcos le roba el poco aliento que conserva.

♥♥♥

Al fin ha conseguido quedarse dormida. Otra vez ella y los aviones. Mala combinación. Mira por la ventanilla, intentando relajarse. Ya se ve Nueva York. Suspira hondamente y siente un pinchazo a la altura del pecho. ¿Y ahora qué? Piensa. Ahora nada. Una fuerza le oprime la garganta y las lágrimas empiezan a empujarse en sus ojos. Lleva todo el camino así. Se siente destrozada.
-Señores viajeros. Procedemos a aterrizar en Nueva York. Apaguen sus teléfonos móviles y aparatos electrónicos. Espero que...
Aroa recibe un mensaje. Lo lee rápidamente. Es de Álvaro. Dice que a Natalia va a empezar a ir a un psicólogo y que se siente fatal por no haberse disculpado con ella. Aroa pone los ojos en blanco y apaga el móvil. Ya hablará con ella en otra ocasión. Se recuesta en el asiento. Hola otra vez, Nueva York.

Al fin acaba de salir del aeropuerto. Lleva su equipaje de mano y la pesada maleta. Va distraída, mirando al suelo y pensando en Víctor, naturalmente. La distracción, la conduce a chocarse. Su maleta de mano se cae al suelo y ella recobra el sentido.
-¿Pero qué te crees...?
-Yo te ayudo.-Sus ojos se encuentran. Y las miradas hablan por sí solsas.-Esto parece una película americana. Ahora es cuando nos enamoramos, ¿no?
Aroa sonríe. Sus ojos se iluminan de sorpresa. Lo besa tiernamente. Cuando un sueño se cumple, el mundo parece olvidarse de todo. Y sólo existen ellos. Sus bocas, su cuerpo y sus sentimientos. Aroa y Víctor.
-¿Qué haces aquí?-La sonrisa de Aroa es inmensa y él la abraza cálidamente.
-Te dije que iba a venir contigo. Conseguí solucionar todo y a mis padres les pareció una idea estupenda. He venido antes para empezar a instalarme antes de que empiece la universidad. Lucía me ha ayudado, por eso hoy no hemos podido estar contigo.
Se miran a los ojos. Y las palabras sobran. Vuelven a besarse. Aroa siente una inmensa felicidad que se expande por todo su cuerpo. Y sabe que con él, esa felicidad podría permanecer durante mucho tiempo.
En Madrid o en Nueva York, pero siempre de su mano.

11.11.13

Capítulo 19. Dejando atrás las lágrimas

<<Capítulo 18. Desaparecidos

Buenas a tod@s, peques. Aquí estoy otra vez disculpándome por no haber puesto un relato el sábado. 
Un día de esta semana tendréis algo, lo prometo. No me enrollo más. Aquí tenéis capítulo de hoy y espero que lo disfrutéis, porque esta historia está llegando ya a su fin. Besos infinitos 


A las ocho sale su avión. Ahora son las cinco y la única persona que ha entrado por la puerta ha sido Mateo, el padre de Víctor y Lucía. Aroa está sentada en el sofá. No deja de mover la pierna con nerviosismo y mirar constantemente la hora. Dentro de poco saldrán rumbo al aeropuerto y no volverá. Nunca. Suspira profundamente y se tapa la cara con las manos. No comprende dónde se ha podido meter Víctor y su impaciencia le recorre frenética las venas, haciendo que su corazón le lata en las sienes.
-Aroa, cielo, vamos a ir saliendo ya.-Carol le sonríe, pero esta vez nada logra tranquilizarla.
Sin tener consciencia de sus actos, asiente y se dirige a su habitación para coger su equipaje. Mira su dormitorio. La última vez que estará allí. La última vez que ha amanecido en esa cama azul pálido. Se estremece. Al menos espera que ayer no fuera el último beso que le dio a Víctor.


En veinte minutos están el el coche. El Mercedes blanco avanza tranquilo por la ciudad. Aroa mira por la ventana buscando algo, alguien. Tal vez espera encontrar la mirada de Víctor... Traga saliva. En ese momento, hasta el débil hilo musical procedente de la radio del coche acelera sus latidos y su nerviosismo. Le va a dar algo.
El trayecto se hace más rápido de lo normal. Aroa no ha abierto la boca y únicamente se ha dedicado a contestar con movimientos leves de cabeza a lo que los padres de Víctor le preguntaban. Ya está en el aeropuerto. Apenas hay gente.
-¿Y Lucía?-Mateo frunce el entrecejo y mira a Aroa.
-Ella tendría que estar por aquí.-La preocupación es más que visible en el rostro de Aroa, que parece tornarse pálido. Mateo parece darse cuenta y sonríe levemente. Ella casi nunca lo ha visto sonreír.
-Tranquila, Aroa. Todo va a salir bien.-Suena tan cálido que Aroa se replantea creerle.
-Voy a buscarla. En seguida vuelvo.
Aroa se aleja de ellos. Necesita respirar. No quiere portarse mal con ellos, no se lo merecen. Coge aire y suspira profundamente. Se recorre el aeropuerto a paso ligero, fijándose en la gente. Necesita encontrarlos. De pronto, unas manos la sacuden por la espalda.
-¡Bu!-Lucía sonríe, pero Aroa se lleva una mano al pecho, donde su corazón late enloquecido.
-Joder, me has asustado, burra.
-Lo siento.-Lucía pone cara de niña buena y Aroa la abraza con algo de ansiedad. Necesita sentirse entre los brazos de alguien. Necesita seguir creyendo en que todo va a salir bien. Lucía se sorprende ante el gesto de Aroa, pero la envuelve entre sus brazos hundiendo su mano en su cabeza, masajeándola con movimientos calmados. Aroa siente más que ve la sonrisa de Lucía en su cuello. Las lágrimas comienzan a empujarse en los ojos de Aroa. Intenta evitarlas pero una a una empiezan a resbalar por sus mejillas, hasta caer en la camiseta de Lucía y mojarla. Lucía siente las lágrimas y la estrecha aún más en sus brazos.
-¿Todo va a salir bien?-Lucía sonríe con dulzura. Y por un momento, lo entiende. Entiende que es posible que ella haya sido la única en verla de aquella manera, la única persona que la haya visto desmoronarse hasta el punto de no controlarse. Es su mejor amiga. Y no quiere perderla nunca.
-Todo. Ya verás lo feliz que vas a ser, princesa.-Lucía incrementa el ritmo de las caricias y Aroa se calma. Ella no miente. Sabe que tras lo sucedido, merece ser feliz. Y sabe que va a lograrlo. Lucía le aparta la cara con extrema delicadeza y la mira a los ojos. Parecen estar más calmados, más vivos. Lucía sonríe y Aroa le devuelve una diminuta mueca que no puede considerarse sonrisa.
-Ven, vamos a esperar a Vero.-Lucía toma la mano de Aroa y la arrastra hasta una entrada.
A los minutos, por la calle aparece Vero. No tiene buen aspecto. Está pálida y ojeriza, viste un pantalón de chándal y su pelo enmarañado carece de vida. Aroa y ella se funden en un abrazo. Pero Vero no llora. Parece no tener sentimientos, sus ojos parecen cristales destrozados. Su interior está lleno de arañazos invisibles y sus labios se han convertido en una fina línea inexpresiva.
-Lo siento.-Aroa es lo único que puede susurrar, su aspecto le impone. Jamás la había visto así.
Vero parece negar con la cabeza de manera imperceptible.
-No pasa nada.-Su voz rota y cansada desarma a Aroa, que cada vez tiene más ganas de pegarle una bofetada al tal Marcos.
-Qué pena que te vayas ahora, Aroa. Podríamos haber estado las tres juntas pasándolo genial y olvidando cosas innecesarias.-Lucía guiña un ojo y gira sobre sus talones.-Vamos con mis padres, anda.


Son las seis y media. Aroa debe embarcar ya. La cabeza le martillea constantemente y siente su pulso retumbando en sus oídos. Víctor no ha aparecido. Nadie sabe dónde ha podido meterse, aunque ella es la única que realmente está preocupada. Necesita verlo. Decirle que lo quiere, que se alegra de haberse dado cuenta de tantas cosas, que ese verano ha sido especial y que no quiere dejarlo marchar. Tenía que haberle preguntado si su promesa era cierta, si él se marchará a Nueva York como dijo, si no la olvidará, si lo suyo no fue simplemente un rollo pasajero. Una lágrima se desliza inocente por su mejilla. Ella se la limpia en un suspiro. Debió suponer antes que las promesas no existen.
-Aroa, cariño.-Carol habla, pero ella ya está refugiada entre sus esbeltos brazos. La mujer sonríe.
-Aunque no me las quieras aceptar, seguiré dándote las gracias.-La voz de Aroa suena ronca por culpa de las lágrimas que está guardándose.
Carol sonríe con una mueca melancólica mientras Aroa se abraza con Mateo.
-Vamos a echarte de menos.
-Y yo a vosotros, Mateo.-Aroa le mira a sus ojos castaños y sonríe.-Ya me dirás si el Real Madrid gana algo este año.
Mateo suelta una carcajada sincera.
-Te mantendré informada.
Aroa mira a Lucía y Vero. Una tan feliz y la otra tan falta de vida. Le hubiese gustado verlas felices a ambas. Se acerca a ellas y las da un fuerte abrazo a la vez.
-No os imagináis lo mucho que voy a extrañaros.
-Y nosotras.
Aroa se separa y se acerca a Vero. Le sujeta la cabeza con las manos y le obliga a mirarla. Ambas lloran un poco, emocionadas.
-Sé feliz, pequeña. Nunca dejes que nadie te corte las alas. Sonará estúpido o cursi, o lo que tú quieras, y aunque yo no soy la más indicada para decírtelo, te pido que nunca cambies. Y no dejes que nadie lo haga. Sé tú para siempre, hasta el fin del mundo. Recuerda que nadie vale tanto como tú y que nadie puede hacerte llorar. Espero verte sonreír pronto, porque voy a estar llamándote por Skype hasta que consiga que te duelan los labios de tanto reírte.-En la pálida boca de Vero se dibuja una pequeña sonrisa y Aroa la abraza, estrechándola contra a ella con todas sus fuerzas.
-Espero volver a verte, amiga.-Vero susurra débilmente, lo que las lágrimas le permiten. Aroa la escucha.-Gracias por todo.
-Nosotras siempre estaremos juntas y tú lo sabes. Nunca dejes de ser la Vero descarada que todas queremos ver brillar.-Aroa le estampa un beso en la mejilla y esta vez, Vero llora como nunca.
Aroa se acerca a Lucía y le da un gran abrazo.
-Y tú cuídate mucho, no me olvides y sé feliz mucho tiempo, por favor.-Lucía sonríe entre las lágrimas rebeldes que resbalan por sus mejillas.
-Eres tú la que tiene que disfrutar de la vida y no olvidarme. Cómete el mundo, Aroa. Y sí, puedo asegurarte que todo va a salir bien.
Sus sonrisas se reflejan la una en la otra, iluminadas y rodeadas de lágrimas.
-Adiós a todos. Os quiero.
-Y nosotros a ti.-Responden casi al unísono.
En cuestión de segundos Aroa comienza a alejarse con una triste sonrisa llena de lágrimas. Levanta la mano y comienza a sacudirla al aire. Los cuatro le responden con la mano alzada. 
Comienza a alejarse de todo. Deja atrás a la pequeña Lucía, más madura y mayor. Deja atrás a la despampanante Vero, en la que también parece dejar su huella el amor. Deja atrás a Víctor con su corazón, dondequiera que se haya metido. Y deja atrás Madrid, con todo lo que ha vivido en él.
Aroa suspira y se aleja, dejando atrás una promesa que quizá se haya roto antes de ser sellada.

4.11.13

Capítulo 18. Desaparecidos



Bien, al fin había terminado de hacer la maleta. Aroa suspira y se sienta en la cama. Mira el reloj del portátil. Sólo son las nueve de la mañana. No ha podido permanecer más en la cama y se había levantado para empezar a prepararlo todo. Claro que eso no hubiera sucedido si Víctor hubiera amanecido con ella, pero ese día no había sido así. Sus mejillas comienzan a arderle debido al rumbo de sus pensamientos y su mirada se pierde en la ventana, tratando de distraerse.Ya se está acabando agosto y ese sería su último en día en Madrid. Lo echará de menos, como siempre, pero volverá a Nueva York a seguir con su vida y no volverá más. Ya no. Pase lo que pase con Víctor, no está dispuesta a volver a pasar por situaciones comprometidas. Unos vagos golpecitos en la puerta sobresaltan a Aroa.
-Adelante.-Musita, volviendo a la realidad.
Un flequillo negro azabache y unos ojos azules se asoman por la puerta. Es la madre de Víctor, Carol.
-¿Se puede?-Esboza una gran sonrisa contagiosa y Aroa se la devuelve, encantada.
-Pasa, por favor.
Carol se acerca a la cama y se sienta junto a Aroa. La pasa un brazo por el hombro y la estrecha hacia sí. Aroa se deja hacer y se relaja escuchando los pausados latidos de su corazón. Para Aroa, ella es su segunda madre. Es una mujer tan alegre que inmediatamente llena de buen humor y tranquilidad a todo el mundo.
-Mi Aroa ya se marcha. Te vamos a echar de menos.-Le besa en la frente y Aroa sonríe totalmente sosegada.
-Y yo a vosotros. No sé cómo agradeceros todo lo que habéis echo por mí.
-Sabes que no me gusta que me den las gracias y que aquí siempre eres bienvenida.-Aroa sonríe. Esta mujer es encantadora.-Y ahora baja a desayunar, que he hecho tortitas y sé que te encantan.
Carol se pone de pie y le guiña un ojo a Aroa, que sonríe entusiasmada.
-En seguida bajo. Gracias, Carol.
-Haré como si no hubiera oído nada.
Aroa suelta una carcajada ante la mueca de la mujer y se pone de pie lentamente. Sale de su cuarto y repara en el inmenso silencio en que la casa está sumida. Automáticamente, se asoma a la habitación de Víctor. Nada. No hay nadie. La cama está extrañamente hecha y todo bien organizado. Está desconcertada. Con el ceño fruncido, se dirige a la habitación de Lucía. Tampoco hay nadie. ¿Dónde se habrán metido esta mañana?
-Carol, ¿sabes dónde están los chicos?
La mujer está llenando dos tazas de leche y se gira para mirarla. Ladea la cabeza un segundo como si estuviera pensando y poco después vuelve a sonreír, recuperando su expresión alegre habitual.
-Lo cierto es que acabo de levantarme y pensé que tú tampoco estabas aquí.-Saca unas cucharas de un cajón y las coloca con cuidado en la mesa.-Pero no tengo ni idea de dónde pueden estar.
Aroa agacha la cabeza, preocupada. Sólo espera verles antes de que se marche. No entiende por qué no están hoy. Carol parece reparar en su preocupación y la acaricia el pelo con infinita ternura.
-Tranquila, Aroa. Seguro que  vuelven en seguida. Tú no te preocupes y disfruta de tu último día, ¿vale?Aroa asiente poco convencida ante la amplia sonrisa de Carol y su mirada se pierde en el suelo de la cocina. Su último día. Se estremece sólo de pensarlo. ¿Qué pasará a partir de ahora? 
Y con ese pensamiento, se sienta en una silla, con unas ganas enormes de comer tortitas.

♥♥♥

Las manecillas del reloj parecen no querer avanzar. Son las cuatro de la tarde y aún no han aparecido ninguno de los dos. Aroa está tumbada en la cama, sin saber lo que hacer. Se ha arreglado y ya se ha vestido con los vaqueros oscuros y la camiseta blanca que tenía preparados.
La última hora se la ha pasado del espejo, al portátil y de nuevo a la cama, en todo momento con el móvil en la mano. Ha llamado muchas veces a ambos y no sabe nada de ninguno. De repente, recibe una llamada. Aroa tarda un segundo en responder, ni siquiera mira quién es.
-¿Si...?
-¡Aroa!-La voz de Lucía es un chillido ensordecedor.
-¿Se puede saber qué te pasa? ¿Por qué desapareces hoy dejándome aquí sola?
-Perdona, perdona. Sé que no me he comportado correctamente. He estado toda la mañana con Aitor.-Aroa sonríe poniendo los ojos en blanco aunque se alegra de que todo haya terminado bien entre ellos.- Perdóname, porfa, porfa.
-Tranquila, Lucía. Pero ven cuanto antes, por favor. Por cierto.-A Aroa le cambia la voz, se vuelve más dulce.-¿No estás con Víctor?
-¿Con Víctor? Ya te he dicho dónde he pasado la mañana.-Lucía suelta una risita.-No sé nada de él. ¿Por qué? ¿Ya lo echas de menos?
Aroa enrojece. Su relación es más que evidente y a Lucía no se le ha pasado por alto.
-Estás siendo tan irritante como Vero.-Aroa sacude la cabeza bromeando y cambia de tema.-Oye, ¿qué sabes de Vero?
-Deberías llamarla. He hablado antes con ella y me ha dicho que vendría al aeropuerto a despedirse de ti, pero ha tenido problemas con “el de los ojos oscuros”-Lucía se ríe al imitar a Vero, pero se recompone al segundo.-Fuera bromas, está echa polvo.
-Joder. Ahora la llamo. Y tú ven ya.
-Mira, yo ya estoy en el aeropuerto. La casa de Aitor está aquí mismo así que no he tardado nada en venir. Mamá te traerá con papá. Ahora nos vemos, cielo. Muaaa.
Aroa mira su móvil. Está boquiabierta, Lucía la ha colgado. Es increíble cómo ha cambiado desde que está con Aitor. Está más despierta y se la ve más feliz. Sonríe. Está contenta de que todo le haya salido bien. Marca el número de Vero. ¿Qué le habrá hecho Marcos? Suspira profundamente al pensar eso. ¿Y a ella? ¿Qué le habrá hecho Víctor? ¿Y dónde se habrá metido ese día que tanto lo necesitaba?

28.10.13

Capítulo 17. Un poco de esperanza


Aroa se recompone con dificultad. Ha recordado que tiene un mensaje. ¿A qué vendría ahora un mensaje de Álvaro? Agarra el móvil y lo lee con curiosidad. ¿Para qué necesitará hablar con ella? Ya está cansada de todo el mundo. De mentiras y de problemas. Suspira hondo y se desploma nuevamente en la cama. Cierra los ojos con fuerza intentando imaginar que todo eso no ha pasado, que sus vacaciones han ido perfectas y que no va a volver a casa con problemas como la última vez.
-Aroa, tienes visita. Y será mejor que bajes antes de que le rompa la cara otra vez.-La voz de Víctor desgarra el silencio en el que ella estaba sumida. Se pone en pie, sintiendo un ligero mareo y termina de secarse con rapidez las lágrimas que le quedan con el dorso de la mano. Seguro que es Álvaro. Pone los ojos en blanco. Baja las escaleras y Víctor la dedica una mirada mordaz al pasar. Está sentado en la mesa desayunando y su expresión es gélida e impenetrable. Aroa se siente intimidada y traga saliva, algo asustada. Se dirige al recibidor y Álvaro está allí, apoyado en el quicio de la puerta. Tiene la mirada gacha y parece estar sumido en sus pensamientos.
-¿Qué quieres?-Aroa le mira y tuerce la boca en un gesto cortante.
-Hola, Aroa.-Álvaro fija sus ojos azules en ella y prosigue, casi susurrando.-Quiero hablar contigo. Quería disculparme por lo que pasó ayer. De verdad. No sé qué me pasó. Tienes que saber que esa historia del beso con Natalia no era verdad.
-Me lo imaginaba-Aroa le mira y se muerde el labio, intentando mantener la seriedad inicial.
-¿Lo sabías?-Álvaro alza las cejas, sorprendido.
-Sí. Yo no sé qué le pasa últimamente a Natalia, no la reconozco.Me supuse que era una historieta para fastidiar. ¿Qué narices le pasa conmigo?
-Ella y yo lo hemos dejado.-Musita Álvaro desviando la mirada. Aroa le escucha con atención.-Últimamente decía cosas extrañas. No sé qué le pasaba, pero parecía obsesionado contigo. Supongo que se sentía atacada porque pensaba que seguíamos sintiendo algo...
-Qué tontería. Tú le aclaraste que no, ¿verdad?
-Sí, pero no entraba en razón. Ella pensaba hacer lo que fuera para que sufrieras. Así me lo dijo un día. Por eso aparecí ayer. Temía que te pudiera hacer daño.
-Vaya, gracias, eh. Si no llegas a estar tú, no sé qué hubiera sido de mí.-farfulla Aroa poniendo los ojos en blanco, con una mordaz ironía.
-Realmente estoy arrepentido, Aroa. Ya te he dicho que lo siento, pero no sé qué hubiera pasado si le hubiera llevado la contraria allí, delante de ti.-Álvaro le mira fijamente y sus ojos brillan de sinceridad.
-Bueno, ya está. Te perdono, no quiero más problemas contigo.-Aroa mueve ligeramente la mano, dando por zanjado el tema.-Lo nuestro ya es pasado y punto. Espero que Natalia esté bien.-Ella alza las cejas, recordando algo.-Aunque antes de que te vayas, necesito que me respondas a una última pregunta.
-Lo que quieras.
-¿Por qué borraste el mensaje de Víctor?
Álvaro se queda paralizado y no sabe qué decir. Aparta la mirada, buscando las palabras adecuadas.
-Bueno, supongo que ya te lo imaginas. Estaba celoso. Tenía miedo de que me dejaras.
-No te importaba lo que pusiera en ese mensaje. Eras cosas mías. Yo tenía la última palabra.
-Lo sé y también lo siento. No sabía como abordar el tema, supongo que ya habrás hablado con Víctor...-Álvaro inspira profundamente y vuelve a mirarle a los ojos.-Espero que puedas perdonarme por todo.
-Ya te he dicho que sí. Lo que ha pasado entre nosotros es sólo eso...-Aroa suspira hondo y escupe la dichosa palabrita.-Pasado. Adiós, Álvaro.-Aroa empieza a cerrar la puerta para zanjar el tema pero él la interrumpe.
-Espera.-Ella le mira, algo molesta.- Te vas mañana, ¿no? Buen viaje, Aroa. Espero volver a verte.-Álvaro sonríe como un niño pequeño, pero hay una sombra de miedo en sus penetrantes ojos azules.
-Gracias Álvaro.-Aroa le dedica una pequeña sonrisa melancólica y añade.-Pero he decidido que no voy a volver nunca.
♥♥♥

Al cerrar la puerta, se apoya en ella y alza la mirada al techo. Sabe que Víctor ha escuchado toda la conversación. Suspira lentamente, sintiendo como sus pulmones se deshinchan y se prepara para enfrentarse a él. Se decide a caminar, al fin, con paso fingidamente decidido a la cocina. Naturalmente él está allí. Apoyado contra la encimera, le dedica una mirada llena de curiosidad. Aroa siente que sus ojos están recorriéndola entera, pero decide ser fuerte. No debo mirarle, se dice. Si vuelve a perderse en sus ojos, toda la confianza ganada se desmoronará en un segundo. Se dirige a un armario y saca una taza. Después, la leche de la nevera. Aroa se pasea delante de Víctor, pero él no se inmuta y continúa mirándola. La situación le parece divertida y, sin poderlo evitar, una pequeña carcajada se escapa de su boca. De pronto, se coloca tras Aroa y le posa las manos en la cadera. Ella ahoga un gritito, terriblemente sorprendida.
-¿A qué juegas ahora, Aroa?-Víctor le susurra al oído y ella tiembla cuando su voz acaricia su cuello.-Deja de comportarte como una niña y mira a la mesa. Ya tienes el desayuno preparado.
En un segundo, Víctor se aparta, sonriendo pícaramente y Aroa se queda allí, paralizada, inmunizada ante su contacto, incapaz de mover un solo músculo y con un palpitante ardor en sus mejillas. Víctor le había preparado el desayuno y ella no se había dado ni cuenta.
-Lo siento.-Aroa musita, con un hilo de voz y se dirige a la mesa, evitando el contacto visual. Víctor le agarra del brazo suavemente y le hace retroceder hasta que quedan cara a cara. Él le agarra suavemente el mentón, levantándole la cabeza y ella suspira mirándole a la cara. Aroa tiene los ojos rojos y llorosos, y en este momento, está a punto de derramar una lágrima.
-No llores más, preciosa, por favor. Mira, hagamos una cosa, empecemos de nuevo. Tú y yo.-En la cara de Víctor comienza a nacer una pequeña sonrisa esperanzadora y a ella se le escapa una lágrima rebelde que él rápidamente le seca con un dedo suavemente.
-¿Qué podemos hacer, Víctor?-Le pregunta ella con la voz rota. A él se le parte el corazón. No soporta verla así y menos tras hacerse la promesa de que nunca más volvería a dejar que sufriera. No si él puede evitarlo.
-Mira, es muy sencillo. Podríamos empezar así...Hola, ¿qué tal? Encantado.-Víctor le agarra una de las pequeñas manos de Aroa y la estrecha entre las suyas. Aroa suelta una carcajada ante su gesto exagerado y él se le queda mirando un buen rato, con una sonrisa de lado.
-¿Qué pasa?-Aroa para de reír y le observa, ladeando la cabeza.
-Eres preciosa, Aroa.-Ella enrojece e intenta apartar la mirada, cohibida, pero él lo evita y la agarra del mentón nuevamente. Le acerca hacia él y la estrecha entre tus brazos. Ella se estremece, terriblemente sorprendida al encontrarse de nuevo allí y cierra los ojos, abandonándose a él.-No me dejes, por favor.
Aroa siente de nuevo ganas de llorar. No comprende ese cambio de actitud en él. Creía que estaría enfadado. Pero, una vez más, él no dejaba de sorprenderla. Víctor la aparta un segundo y la mira de nuevo a los ojos, esta vez, con un brillo especialmente intenso.
-Mira, en octubre empiezo la universidad. Dame tiempo. Solo te pido eso. Si consigo arreglar algunos asuntos que me quedan, podría irme a vivir a Nueva York y estudiar allí. Además, ya sabes que para mí, el idioma no sería ningún problema.
Aroa le mira con expresión encandilada. Está realmente guapo. El pelo está cuidadosamente despeinado y sus ojos aún algo adormilados relucen de ilusión. Su sonrisa se amplía aún más cuando ella, casi sin pensarlo, suelta una risita. Lo cierto es que le encantaría poder estar con él y la idea no le disgusta para nada. Pero, una parte de sí misma, rápida como un rayo, le devuelve una cuestión difícil de afrontar. Después de todo lo que le ha sucedido, ¿realmente puede confiar en él? ¿No se le pasarían las ganas o, simplemente sería mentira todo lo que ha dicho para seguir con ella?
Víctor le mira y le besa la frente, revolviéndole ligeramente el pelo. Con una mano le rodea la cabeza y la aproxima más a él. De pronto, sonríe, como si hubiese adivinado lo que le ronda a Aroa por la cabeza.
-Confía en mí, Aroa. No te voy a fallar. Ya no. Nunca más.
Y por una vez, Aroa quería abandonarse a esa idea y hacerle caso a la poca esperanza y optimismo que le quedaba. Sí, necesitaba aferrarse a que, por una única vez, todo saldría bien...

21.10.13

Capítulo 16. Perderte.


Vero ha tardado muy poco en llegar a casa de Marcos. Es un camino que se conoce de memoria. Cada vez que tiene que ir, un intenso rubor acude a sus mejillas al recordar lo sucedido el día que se conocieron.
Una vez que está en su portal, unos nervios la recorren el cuerpo entero. Se muerde el labio, pensativa. ¿Habrá hecho bien en venir? Pero, como la indecisión no aguanta mucho en el cuerpo de Vero, se encoge de hombros y toca el telefonillo. Espera pacientemente y, al poco tiempo, escucha como se descuelga el auricular y unas leves risas se expanden.
-¿Quién es...?
Vero escucha la profunda voz de Marcos y las pulsaciones se le disparan. Abre la boca para contestarle, animada, cuando escucha otra voz más.
-¿Quién es, Marquitos? Espero que hoy no hayas quedado con nadie, que ya que he venido a verte, es un día para nosotros.
A Vero se le congela la respiración cuando escucha estas palabras, provenientes de una chica que es incapaz de identificar. ¿Enfermo? Mentiroso, si acaso.
-¿Quién es...? Voy a colgar...
Vero se aleja de allí sin hacer ruido. Ya sabe todo lo que tenía que saber. Cuando está lo suficientemente lejos, el llanto aflora y es incapaz de frenarlo. Joder, ¿qué está haciendo Marcos con ella?

♥♥♥

Lucía sale de casa sin hacer ruido. Lo primero que hace es encender el móvil. Tiene un mensaje de Vero. Lo abre. “No sé por qué te has marchado, ya te regañaré en otra ocasión. Ahora tienes que saber que Aitor está completamente enamorado de ti.” Al terminar de leerlo, el corazón le da un vuelco. ¿Qué se supone que hizo Vero la noche anterior? Pone los ojos en blanco y su conciencia vuelve a interrumpirla, con su aire irónico insoportable: “Si anoche te hubieras quedado, lo sabrías.”
El camino al polideportivo se ha pasado volando y Lucía no hace más que pensar. En el mensaje, en sus sentimientos y, sobre todo, en él, que está a punto de volver a verle. Se examina rápidamente, un moño alto, un vestido blanco muy elegante y sus zapatos de tacón favoritos. Vestida así, se siente poderosa. Suspira hondo, dándose ánimos y recordándose a sí misma que todo va a salir bien.
Cuando entra al recinto, busca el salón de actos. Y al poner un pie allí, los nervios se apoderan de ella convirtiéndola automáticamente en una Lucía tímida y cobarde. Adiós, poderío. Por suerte, el salón está muy oscuro y hay mucha gente. Así, no tendría que verse con él. Bien. Sonríe mentalmente y busca un asiento donde poder permanecer oculta en la oscuridad. Hoy no le apetece encontrase con nadie y menos con Aitor.
La reunión acaba de comenzar. El director del polideportivo, vestido con una camisa gris que no le favorece para nada, comienza a presentar la celebración. Lucía le mira y sonríe, un tanto burlona.
-Bueno, como hoy es un día especial, me despido diciendo que va a subir al escenario un chico cuya historia me ha conmovido y creo que merece ser escuchado. Me gustaría que le diéseis un fuerte aplauso a Aitor.
Lucía mira al escenario con los ojos como platos. El calor comienza a subírsele a las mejillas y su corazón empieza a latir con furia. No se lo puede creer. Una parte de su cerebro le grita que se marche, pero la otra, la más poderosa esta vez, le obliga a quedarse hasta el final.
Aitor sube al escenario. Está increíblemente sexy. Viste una camisa y unos vaqueros desgastados. Lucía se queda boquiabierta y no puede evitar comérselo con la mirada. La ropa le sienta demasiado bien y ella se siente aún más acalorada. Todo el mundo para de aplaudir y se escucha algún que otro gritito proveniente del sector de las que hacen gimnasia rítmica. Lucía las fulmina con la mirada desde su sitio, aunque sabe de sobra que no pueden verla.
-Buenos días a todos. Espero que hayáis pasado unas buenas vacaciones. Yo, aunque no os importará saberlo, he pasado el mejor verano de mi vida.-hace una pausa y mira a todos los sitios. Sonríe con confianza y Lucía se derrite, como más de una chica en esa sala.-Bueno, no quiero aburriros contándoos mi vida. Simplemente me gustaría que aprendiérais algo. Aunque yo no sea el más indicado para hablar en esta ocasión. En fin, que como deportista que me considero, he perdido y he aprendido a perder al igual que he ganado y he sabido disfrutarlo. Y he conocido a gente estúpida que el no saber perder le ha llevado a estropear la vida de los demás. Sí, suena estúpido pero, a veces, es prácticamente imposible encontrar un buen amigo en esta vida.
Bueno, ¿y qué hay del amor? Sí, nosotros también nos enamoramos y, aunque parezca cursi, también lloramos. Y hay una cosa demasiado valiosa que he aprendido en estos últimos meses. Que mi mejor victoria ha sido ella y que si de perder se trata, Lucía, yo esta vez no estoy dispuesto a perderte.
Ella le mira desde su sitio y se siete paralizada, como si su voz la hubiera llegado directamente al corazón y fuera incapaz hasta de respirar. Pero poco a poco, una lágrima se desliza tímida por su mejilla y ella suspira. Este chico la tiene locamente enamorada.
-Lucía, si no sales tú, tendré que hacerlo yo...
Una voz se escucha y la gente se ríe. Y, al acto, todo el mundo se pone de pie y empieza a gritar su nombre. Lucía no sabe dónde meterse y decide que lo mejor es zanjar el tema. Se levanta y sube al escenario. Una vez allí, Aitor la mira, completamente fascinado. Lucía siente como su intensa mirada le recorre el cuerpo entero y un escalofrío se apodera de ella. Aitor esboza una lenta sonrisa y le tiende el brazo. Ella le devuelve la sonrisa, totalmente atrapada en él y se agarra de su mano. La gente se ha callado y observa la escena en silencio. Aitor la atrae hacia sí con dulzura y alza las manos. Coge con extrema delicadeza la cara de Lucía y le acaricia las mejillas, sin dejar de mirarle a los ojos. Lucía, bajo el influjo de su mirada juguetona, se deja hacer y se pierde en sus preciosos ojos.
-Te he echado muchísimo de menos.-Aitor le susurra y a Lucía, esas palabras le saben a gloria.
El muchacho se cierne suavemente sobre ella y le besa con dulzura, acariciando lentamente su cintura. Lucía siente un hormigueo que la recorre entera y se pierde aún más en él y en ese beso que no desea que termine nunca.

A Aroa se le escapa un bostezo y se estira aún más, haciendo crujir todos sus huesos. Todo el optimismo que tenía ha desaparecido. Mira a Víctor con una mueca desesperanzada. Este le agarra la mano y comienza a acariciarla suavemente, pero ella es incapaz de relajarse y continúa en tensión.
-Tengo miedo, Aroa.-Víctor aparta la mirada y se centra en la caricia, como siempre. Aroa siente que la situación ya la ha vivido y siente un pinchazo a la altura del pecho.
-Yo también.-musita Aroa, con la voz rota.
-Tú, ¿por qué?-Comienza Víctor, cabizbajo.
-Tengo miedo de lo que siento hacia ti. Porque sé que es grande.-Aroa aparta la mirada y se muerde el labio, nerviosa.-Y porque no quiero volver a pasar por esto. Yo no quiero hacerte daño.
Víctor le mira a los ojos y deja de acariciarle la mano al acto. Fija sus ojos castaño en los de Aroa. Su expresión serena parece tensarse.
-Dime que no, por favor. Dime que no va a volver a ocurrir, que a nosotros no nos va a pasar nada.-Su voz rota suena desesperada y Aroa se muerde el labio con más fuerza. No sabe qué decir.
-Yo no quiero hacerte daño, Víctor. Pero yo no he decidido que surgiera esto entre nosotros...
-¿Y si ahora pudieras decidirlo? ¿Te arrepientes de lo que ha ocurrido?-La mirada de Víctor se intensifica a cada segundo y ella responde, rotunda.
-No me arrepiento. Y nunca lo haré.
-¿Entonces, Aroa? ¿Qué somos? ¿Qué va a pasar con nosotros?
-No lo sé, Víctor...Yo quiero que lo seamos todo pero...esto no depende de mí. Yo me tengo que marchar y estando tan lejos...Yo...no podría...-Aroa aparta la mirada y musita, con la poca voz que le queda.-La verdad, es que no lo sé...
Víctor cierra los ojos y suspira profundamente. Cuando los abre, su mirada se ha oscurecido y arde de furia.
-No lo sabes... Yo tampoco lo sé, Aroa. Dímelo tú, ¿qué voy a hacer sin ti?
Aroa le mira a los ojos y se estremece. Su tono de voz se resquebraja y ella percibe miedo y preocupación en su rostro pálido, pero se encoge en sí misma sin encontrar las palabras adecuadas para hacerle sentir mejor. Se siente impotente.
-Me gustas mucho No, más que eso.-Víctor le agarra la cara entre sus manos y Aroa siente un escalofrío ante el ardor de su contacto.-Te quiero, Aroa.
A ella se le dispara la respiración y siente un nudo en la garganta. Está a punto de llorar y no quiere que él le vuelva a ver así. Suspira hondo y continua mirándole a los ojos. No quiere hacerle daño, pero es inevitable. Se encoje de hombros con finjidísima indiferencia y aparta la mirada, haciendo acopio de valor.
-Creo que debería empezar a hacer las maletas.-Aroa siente la suplicante mirada de Víctor y, a continuación, escucha un bufido irónico que se escapa entre sus labios. Se levanta de la cama y camina lentamente hacia la puerta. El dolor se hace más intenso a medida que él se aleja más de ella. Se para en el quicio de la puerta y, sin mirarla, compone unas palabras que articula con dificultad.
-Tienes un mensaje de Álvaro. Si me necesitas, estoy desayunando.
Cierra la puerta con cuidado y Aroa se desploma en la cama. Las lágrimas comienzan a arder en sus mejillas y la opresión en el pecho aumenta por momentos. Su respiración se altera cada vez más, y ella tiembla, sintiéndose rota por dentro. Se sujeta las piernas echa un ovillo y se tapa la cara con la almohada. Ella no quiere hacerle daño. Pero ya está cansada de ser la mala y acaba de tomar una decisión.

14.10.13

Capítulo 15. Noche de buenos besos.



La música no deja de aturdir a Aitor, que no duda en dar otro sorbo a su copa, abrumado. Hoy se está pasando, pero cuando te falta lo más importante, da igual todo.
-¿Aitor?-Vero se planta a su lado con una sonrisa estúpida pintada en la cara.
El joven frunce el ceño y la mira detenidamente, con expresión confusa.
-Perdona, pero, ¿nos conocemos de algo?-Su voz suena ronca y parece un tanto cansado. Vero se da cuenta de eso y sonríe mentalmente. Tiene un buen plan. Comienza a contonearse suavemente al ritmo de la música, provocativa.
-No creo que eso importe mucho, ¿no?-Aitor le mira con expresión incrédula. No entiende a qué viene su descaro. Vero le dedica una mirada que brilla de malicia y cambia rápidamente de tema antes de que él pueda objetar algo.-Necesito que me hagas un favor.
Aitor alza las cejas y suelta una pequeña carcajada, sin percatarse de su sensual movimiento.
-Hoy no tengo un buen día, chica.
Vero parpadea un par de veces e, inmediatamente, pone cara de niña buena. Y repentinamente, se acerca demasiado a él. Tanto, que sus cuerpos se rozan. Y, con excesiva dulzura, le susurra...
-Vaya, yo pensaba que querrías bailar conmigo...
Aitor se aparta sobresaltado y aparta la mirada con brusquedad. A Vero le sorprende esto porque, cualquier tío hubiese babeado por el pronunciado escote que lucía.
-¿Tienes novia, o qué te pasa? -Vero simula un tono bastante dolido del que Aitor parece percatarse esta vez. El joven cierra los ojos y suspira profundamente. Al abrirlos, su expresión se ha serenado un tanto.
-Mira, pareces buena chica pero...yo no soy para ti, ¿vale?-Aitor aparta la mirada de sus ojos y se centra en su copa, que la acaricia distraído con las yemas de los dedos.
-¿Hay otra?-Vero suelta con descaro y expresión inocente. El joven le mira, algo irritado.
-Mira, no te importa, pero sí, hay otra, o por lo menos lo había...
-Y, entonces...¿qué pasó?
Aitor le mira directamente a los ojos esbozando una triste sonrisa de lado. No tiene la menor idea de lo que está haciendo, parece haber perdido el autocontrol. Tras un largo silencio, suelta un largo suspiro y agacha la vista.
-Un cabrón la mintió. Le dijo que lo nuestro no era más que una apuesta y ella le creyó.
-Vaya.-Vero le mira simulando tristeza y chasquea la lengua, metida totalmente en el papel.-Entonces, ¿el tipo ese mentía de verdad?
-De verdad.-Aitor se masajea las sienes, la cabeza le va a explotar. Esboza una sonrisa estúpida.-No sé qué hago contándote esto. Ni siquiera te conozco...
-Pero tú...¿La sigues queriendo?-Vero le interrumpe bruscamente y Aitor ladea la cabeza, exhasperado. Nada. Contra ella no se puede. Vero es así. Se da por vencido, al fin y al cabo, ¿quién es esta chica? Nadie importante...
-Estoy enamorado de ella desde que la conocí. Y no creo que eso vaya a cambiar fácilmente.
Y, diciendo esto, Aitor bebe un largo trago de su copa, no tiene nada más que añadir.
-¿Por qué no lo sigues intentando? A lo mejor ella también quiere seguir contigo.
-No responde a mis llamadas, ni a mis mensajes.
Vero ladea la cabeza y le examina atentamente. Su expresión, perdida en el cristal de su copa, irradia preocupación y desesperación al mismo tiempo. La joven esboza una cálida sonrisa y le apoya una mano en el hombro. La conversación ha terminado y ella sabe todo lo que tenía que saber. Él realmente quiere a Lucía, tal y como sospechaba. Su instinto nunca le falla.
-Creo que deberías seguir insistiendo. Apostaría lo que sea a que ella estaría dispuesta a escucharte. Bueno, yo me marcho. Buenas noches.-Vero agarra la copa de Aitor con descaro y pega un sorbo.-Por cierto, soy Vero, amiga de Lucía, encantada.-Y, con una sonrisa que alcanza la locura, se aleja rápidamente de allí.
-¿Qué? Espera...-Aitor intenta atraparla, pero es imposible, ella ya se ha perdido entre la gente.

Vero mira de un lado hacia otro, un tanto desorientada. ¿Dónde está Lucía? La mesa donde ella se encontraba está vacía y tampoco está alrededor.
Suspira profundamente y decide que ya es hora de marcharse, porque algo le dice que Lucía ya no está allí.


El despertador suena y Lucía abre los ojos al acto. Apaga el aparato y se levanta con parsimonia. Bosteza y se frota los ojos con los nudillos. Vaya nochecita. La cabeza le sigue doliendo con insistencia y se recuerda tomarse una pastilla antes de salir de casa.
Cuando consigue desperezarse por completo, coge lo que necesita y se marcha a la ducha. Por el camino, se da cuenta de que en la habitación de su hermano no hay nadie y la de Aroa está cerrada. Sonríe maliciosamente. Lo de estos dos se veía venir.
Ya en el baño, se desnuda lentamente y se mete en la ducha, pensativa. Anoche se comportó como una cobarde. Quizás se tenía que haber quedado para comprobar qué fue exactamente a hacer Vero. Pero cada vez se estaba poniendo más nerviosa y no pudo aguantar la situación.
El chorro de agua helada le cae como una cascada sobre su cabeza y ella se estremece. No por el impacto, sino por él. Hoy le va a ver. Suspira profundamente y se replantea su decisión de ir. Pero sabe que tiene que hacerlo porque es un asunto importante. El polideportivo donde practica tenis hace una celebración de fin de verano y ella prometió que acudiría.
Lucía vuelve a suspirar mientras se enjabona con energía. Claro, ella no pensó que le ocurrirían tantas cosas.


Suaves y cálidos rayos de luz se cuelan por la ventana de Aroa, que abre los ojos despacio y se estira como un gato. Mira a su alrededor y enrojece al instante. Víctor está dormido a su lado. Su expresión es dulce y tranquila y Aroa no puede evitar mirarle encandilada mientras una sonrisita estúpida se extiende en su cara.
Repentinamente, recuerda lo sucedido durante la noche y se muerde al labio a la par que le invade una felicidad desconocida desde hace mucho tiempo. Y así permanece una eternidad preciosa, observándole cada facción de su rostro, como si quisiera aprendérselo de memoria hasta que Víctor comienza a abrir los ojos poco a poco. La sonrisa de Aroa se ensancha y Víctor se la devuelve, como un acto reflejo.
-Buenos días, pequeña.-La voz de Víctor, ronca y grave se le antoja muy sexy a Aroa, que le responde con una sonrisa (si se puede), aún más amplia.-¿Cómo has dormido?
-¿Tú qué crees?-Aroa se acerca a él divertida y Víctor le roba un beso. Él se mueve despacio y ella no puede evitar sonreír ante la deliciosa sensación cálida que le producen sus labios. 
El joven se aparta, se recompone apoyándose en sus codos y la observa con detenimiento. Aroa es incapaz de ver ni rastro de la dulzura que poseía antes su mirada y cree ver una sombra de temor, cosa que le preocupa al instante.
-¿Te sucede algo?
La expresión de Víctor se resquebraja en un segundo y su mirada se tiñe de absoluto pánico.
-Bueno, creo que después de una noche de buenos besos toca hablar, ¿no?
La sonrisa de Aroa se tuerce y asiente lentamente. La felicidad parece haberse disipado por completo para hacerle un hueco al miedo.


Vero se levanta de un salto, enérgica. Se mira al espejo una vez más para comprobar que todo está en su sitio y sonríe con confianza. Se ha arreglado para quedar con Marcos. Le dijo que sus padres no estarían en casa en todo el día y que le iba a preparar una comida especial. Vero siente un cosquilleo en su interior y sonríe, atontada ante la simple idea de verle.
Distraída, enciende el móvil y comprueba, con la respiración entrecortada, que tiene un mensaje de Marcos.
“Me he levantado con 40 de fiebre. Siento muchísimo que lo de hoy no pueda ser, tenía muchas ganas de verte. Un beso, luego te llamo.”
Vero lo relee una y otra vez y continúa sin creerlo. No puede ser. Se queda petrificada sin saber bien qué hacer. En menos de un segundo, sonríe ante la idea que acaba de tener.

Ya que está preparada irá a verle sí o sí. Será una sorpresa. 
Pero, ¿para quién? ¿Para Marcos o para ella?

7.10.13

Capítulo 14. Adiós.


-¡Lucía!-Vero pega un chillido cuando la encuentra en el asiento tapándose la cara. Deja las copas en una mesa muy próxima y se sienta en el taburete que se encuentra frente a Lucía.-No te encontraba y me he recorrido el local entero con esto en la mano...-señala las grandes copas con una mueca divertida. De repente, la mira.- ¿Te encuentras bien?
Al ver que Lucía no reacciona, Vero empieza a preocuparse. Pero esta levanta la cabeza. Su expresión es indescifrable.
-Pero, ¿qué ha pasado?-Vero la mira ceñuda.-No se te puede dejar sola, eh...
Lucía se encoje de hombros, sin saber qué decir y suspira profundamente.
-Aitor está aquí.
Vero abre mucho los ojos y mira de un lado a otro con un gesto exagerado.
-¿Dónde?
-Allí...-Señala Lucía con timidez.
Vero sigue la dirección de su dedo y le encuentra solo en la barra. La mirada de Vero brilla de malicia, que tiene in plan.
-Espérame aquí.-Vero esboza una enigmática sonrisa, bebe un sorbo de su copa y se aleja con rapidez.
-Espera, Vero, ¡no! Por favor...-Pero se da cuenta de que es inútil, su amiga ya se ha adentrado entre la multitud y sabe que no puede oírla. Lucía suspira profundamente intentando calmarse y reordenar sus pensamientos. ¿Qué siente? Impotencia de no poder hacer nada. ¿Celos? No, Vero es su amiga pero, ¿cuáles son sus intenciones? Además, hay que reconocer que la chica es despampanante y cualquiera con un par de ojos en la cara se daría cuenta...
Inspira hondo con resignación. Habrá que comprobar si la ocurrencia de Vero funciona.

♥♥♥

Lejos, en casa de Natalia.
Se respira tensión. Álvaro y Natalia no se miran, ni siquiera hablan. El incómodo silencio se mantiene desde que se marcharon del parque. Él está tumbado en la cama. Ella, mira por la ventana con gesto distraído buscando quién sabe qué.
-Dime por qué.-La voz de Álvaro rompe el silencio y Natalia le mira con expresión violenta.
-¿Por qué, qué?-Natalia vuelve a mirar por la ventana con fingida indiferencia.
-Por qué le has mentido. Por qué le dijiste lo del beso. ¿Por qué te inventaste esa mierda, Natalia? ¿No era suficiente ya con esto?
La expresión de Natalia es indescriptible. Le mira y, con total tranquilidad, empieza a hablar. En sus ojos puede verse una sombra de maldad. Parece que está a punto de perder el control.
-¿Suficiente ya con qué? ¿Con estar los dos juntos? YO QUIERO ESTAR CONTIGO.-Natalia paladea cada palabra exageradamente.-A mí ella me da igual que sufra. Ella te dejó y esta es la consecuencia. Y perdona, lo del beso tampoco fue una mentira tan grande.-La voz de Natalia se suaviza y comienza a acercarse a él, zalamera.-O, ¿acaso tú no tenías tantas ganas de besarme como yo a ti cuando Aroa nos presentó? Porque yo...sentí que tú eras para mí y...sé que tú también lo sentiste. ¿A qué sí, Álvaro? ¿Verdad que somos almas gemelas?
La mandíbula de Álvaro se desencaja y la sonrisa de Natalia acaricia la locura. Parpadea un par de veces, sorprendido, intentando procesar la información y decide de una vez. Se pone de pie como un autómata e inspira profundamente, cansado.
-Natalia, yo...no quiero hacerte daño, ¿vale? Pero...
-¿Qué narices estás diciendo? ¿Me vas a dejar?-La voz de Natalia roza la histeria.
-Déjame hablar, por favor.-Álvaro mira al suelo e intenta buscar las palabras adecuadas.-Tienes que saber que no me siento bien habiéndole mentido a Aroa. Más bien, lo hice por ti. Pero no has tomado la decisión correcta. No entiendo por qué la envidias tanto y tampoco entiendo por qué la quieres hacer tanto daño. Ella a ti nunca te ha hecho nada. Ella te quiere, ¿sabes? Lo sé porque la conozco. Y sé que cuando tú le dijiste eso la dolió muchísimo. Más que por el engaño, porque ella siempre había confiado en ti. Pero creo que yo también voy dándome cuenta de muchas cosas.-Álvaro levanta la vista y la posa en la de Natalia, cuya expresión es indescriptible. Le coloca una mano en el hombro y le sonríe con sinceridad.-Te quiero muchísimo Natalia. Tal vez pienses que no, pero yo creía que esto podía haber llegado más lejos. Pero tienes que madurar. No puedes tratar así a las personas que te quieren.
La cara de Natalia es un poema. Sus mejillas inflamadas de vergüenza y sus ojos teñidos de rabia hablan por ella. Abre la boca y escupe cada palabra con una sonrisa de estúpida.
-Fuera de mi casa.
-Ya me voy, estoy recogiendo mis cosas, ¿no lo ves?-Álvaro le enseña sus cosas mientras se las mete en su bolsillo. Repentinamente, Natalia rompe a llorar.
-No, no te vayas. Por favor.-La joven se tapa la cara con las manos y Álvaro le agarra la cara con dulzura. La obliga a mirarla con extrema suavidad y ella se deja hacer. Le aparta las lágrimas y sonríe con ternura. Sus ojos azules la traspasan y ella siente un pinchazo a la altura del pecho. Sabe lo que se avecina.
-Lo siento, Natalia. Esto no podría salir bien así.
-Sí. Tú y yo somos almas gemelas.-Natalia sonríe con paranoia y Álvaro le mira cabeceando con incredulidad.
-Descansa, ¿vale? Seguiremos en contacto.
-¡NO! Yo ya no quiero nada de ti, ¿está claro? Eres un aprovechado que no sabe lo que quiere. Me has estado utilizando para olvidarla a ella, ¿verdad? Es eso. Seguro que es eso...
Álvaro la mira con lástima. Natalia está hablando sola y da vueltas por su habitación una y otra vez.
-Adiós, Natalia.


Aroa duerme profundamente. Es muy temprano para dormir un día de verano, pero se sentía muy agotada. Demasiadas emociones por hoy.
En la oscuridad de la noche, una figura se desliza con habilidad. Es Víctor. Camina con sigilo y mira a Aroa. La luz de la luna se cuela ligeramente y hace que pueda admirarla. Cuando duerme está preciosa. Una sonrisa estúpida acude automáticamente a su cara. Sabe que es demasiado lo que siente por ella. Y, aunque se prometió a sí mismo olvidarla, ha sido imposible. Él sabía que ella no había recibido el mensaje porque le hubiera respondido con lo que sea. Aroa siempre responde.
De repente, el móvil de Aroa vibra levemente y se ilumina. Tiene un mensaje. La tentación supera a Víctor. Coge el aparato con cuidado y mira la pantalla. Es un mensaje de Álvaro. Víctor tiembla de rabia. ¿Qué querrá ahora? ''Lo siento mucho, Aroa, necesito aclarar las cosas'' La idea de borrarlo aparece por su cabeza. Mira a Aroa. No. Él no sería capaz de hacer eso. Se siente demasiado culpable por haber cogido su móvil y sabe que ella necesita leer este mensaje. Es justo que lo lea. Haya pasado lo que haya pasado esa tarde con ellos dos, Aroa necesita esa explicación. Aunque le gustaría habérsela devuelto, esto es un tema que tiene que resolver con él y Aroa no tiene nada que ver. Ella es libre de hacer lo que quiera. Sonríe ante su decisión. Se siente celoso, no puede negarlo, pero intuye que Aroa no volvería con él. Será intuición o será que la conoce, pero sonríe con más ganas al volverla a mirar y se sienta en la cama, junto a ella. Le acaricia la mejilla con extrema dulzura y al rato, Aroa abre los ojos muy despacio.
-¿Víctor?-Susurra Aroa, expandiéndose una sonrisa en su cara adormilada.
-Lo siento. No puedo dormir. Yo también necesito estar cerca de ti.

30.9.13

Capítulo 13. Rescatada.



Aroa se cruza de brazos. De pronto, siente demasiado frío y se encuentra aún más sola y desprotegida ante la inquisidora mirada de Natalia, que la sonríe mordaz.
-Díselo, Álvaro, cariño.-La voz de Natalia insiste como un pitido agudo que aturde a Aroa. Necesita escapar si no quiere desmayarse ahí mismo.
Aroa mira a Álvaro. Y sus ojos azules están nublados de cobardía. Parecen gritar lo siento. Él aparta la mirada y agacha la cabeza, avergonzado. Titubea y comienza a hablar, casi en susurros.
-Lo siento, Aroa.
Y en un segundo, el corazón de Aroa se destruye. Se rompe y se descompone. Álvaro también la engañó. Perfecto. Y ahora, ¿qué?
Natalia sonríe triunfante y su mirada expresa superioridad. Aroa no sabe qué hacer. Está paralizada y sus pensamientos se atropellan. Decide dar unos pasos con prudencia hasta que consigue estar al lado de ambos. Natalia la escruta con la mirada sin perder su sonrisa bobalicona y no duda en hablar.
-Te lo dije, Aroa. No vales nada.
-Que os vaya bien.-Aroa susurra sin escuchar las palabras de Natalia y huye de allí lo más rápido que puede.
Se siente idiota. Y echa a correr a la vez que rompe a llorar. ¿Por qué le han hecho esto? Revolver el ayer no es sano. Y sigue así, huyendo de todo. De ella, del pasado con el que acaba de chocar y de las mentiras que han estado ahí siempre. Huye de todo pero vuelve a chocar. Aunque esta vez, es contra el pecho de Víctor que surge de la nada y la protege con sus grandes brazos. Ella sabe perfectamente quién es sin necesidad de mirarle. Víctor la estrecha contra él y, con una mano, la sujeta la cabeza. No hablan, tan sólo se escuchan los gemidos y lamentaciones de Aroa. Pero ahora ella se siente protegida. Y está donde siempre le gustaría estar. Y permanecen así una eternidad preciosa.
-¿Qué te han hecho, Aroa?-Víctor la susurra con extrema dulzura mientras suspira profundamente.
Aroa levanta la cara y le mira. Sus ojos están vacíos, inexpresivos y en su boca se elabora un gesto torcido que intenta llegar a convertirse en sonrisa.
-¿Qué haces aquí?-Consigue articular ella.
Víctor le limpia una lágrima acariciándola con cariño.
-Ya te dije que no me fiaba de esos dos. ¿Por qué no me dejaste acompañarte? Maldita cabecita loca...-Víctor chasquea la lengua y sacude la cabeza con una triste sonrisa torcida.
-Lo siento...-Aroa agacha la cabeza y vuelve a refugiarse en su pecho.
-Yo lo siento. Te tenía que haber acompañado aunque tú te hubieras enfadado conmigo.
Aroa sorbe por la nariz y se calla. Solamente se deja llevar por la mano de Víctor que acaricia su pelo de forma acompasada. Eso consigue relajarla un poco.
-Ven, vamos a casa. Necesitas descansar.-Víctor sonríe lentamente y coge la mano de Aroa. Ella se sonroja y sonríe débilmente. Le encanta sentirse cuidada por él.
-Gracias.-Aroa no sabe como agradecerle lo que ha hecho por ella y agacha la cabeza, sin saber qué más añadir. Siente la sonrisa de Víctor.
-No me tienes que agradecer nada. Me encanta cuidarte.

♥♥♥

Lucía está echa un ovillo encima de su cama. Es incapaz de controlar sus lágrimas y su respiración agitada es lo único que se escucha. Lleva más de dos horas así. Necesita algo o, mejor dicho, a alguien. Sonríe irónicamente entre lágrimas. Su conciencia le dedica una mirada mordaz a la vez que grita: ''Claro que necesitas a alguien, idiota. Le necesitas...''
Lucía se levanta de la cama y se lleva las manos a la cabeza. El dolor le martillea con fuerzas las sienes. Con valentía, trata de calmarse y dejar de llorar. Tras unos intentos, consigue recuperarse a regañadientes y estira la mano para coger el móvil. Al encenderlo, lo que ella se temía. Más de diez llamadas perdidas de Aitor y siete mensajes. Lucía decide que no está en condiciones para ellos y, tras un gran esfuerzo, los pasa por alto. Necesita a Vero. Sólo ella podría animarla en esta situación.

Once de la noche. En una de las largas filas para entrar a una discoteca, ellas esperan su turno.
Vero arriesga con un vestido entallado azul eléctrico mientras que, Lucía, más recatada con un vestido oscuro, no se siente muy a gusto. Vero acapara todas las miradas. El vestido se ajusta a la perfección a sus sensuales curvas y sus tacones extremadamente altos le hacen unas piernas interminables. Pero Lucía tiene la cabeza en otra parte. No sabe si hace bien estando allí y se siente incómoda en el vestido y los tacones que Vero le ha prestado. Los chicos le miran descaradamente e, incluso, el más ''valiente'', le ha soltado alguna guarrada. Tampoco se siente bien bajo esa capa extrema de maquillaje, pero Vero es una exagerada...
-Vamos, nena que nos lo vamos a pasar en grande.-Vero la mira con absoluta felicidad y Lucía es incapaz de evitar que una débil sonrisa se expanda por su rostro ante tanto entusiasmo.
-Eso espero...-Lucía agacha la cabeza y suspira profundamente deseando salir de allí.
-Venga, arriba esos ánimo, ¿eh? Nada de sufrir por tíos. Y menos de los que te tratan mal. Eso nunca...-Vero piensa bien en sus palabras y a su cabeza acude Marcos. ¿Sufriría por él? Enrojece débilmente y sacude la cabeza con una sonrisita estúpida.
Poco a poco, la cola va avanzando y Vero está cada vez más animada. Sin embargo, Lucía sólo puede pensar en una cosa....
Cuando ya han entrado al local, Lucía se queda alucinada. Es muy grande y la música que suena tiene buena pinta.
-Bonito, ¿verdad? Ya te lo dije.-Vero grita entre la gente. La música está excesivamente alta.-¿Qué quieres beber?
Lucía no tiene muchas ganas de pensar en eso ahora.
-Lo que tú vayas a tomar.-Vero le enseña el pulgar para indicar que la ha entendido y se abre paso entre la gente hacia la barra.
Lucía mira a su alrededor. Todo el mundo está bailando como loco y ella no tiene nada de ganas de moverse. La gente le da golpes y se ve obligada a apartarse de ese lugar. Encuentra un taburete y se sienta en seguida. Se pasa la mano por la cara y suspira profundamente. ¿Qué está haciendo aquí? Maldita Vero y su poder de convicción. Alza la mirada con cansancio. No puede creerlo. Sentado en la barra, se pasea los dedos por el pelo. Después, alza la mano y pide otra copa. Las pulsaciones de Lucía están a punto de explotar y sus mejillas enrojecen en un segundo. Se tapa la cara e intenta controlar su respiración agitada. La rabia y las ganas de llorar la invaden con fuerza.
Joder, ¿qué está haciendo Aitor aquí?


Víctor y Aroa entran en la habitación de ella. Él le acaricia la mejilla y le obliga a mirarle.
-¿Cómo te encuentras?-Su tono tierno descoloca a Aroa, que le tiembla todo el cuerpo. Opta por encogerse de hombros, sus ojos marrones la intimidan. Él le dedica una fugaz sonrisa.-Creo que deberías descansar y dejar de pensar por hoy. Mañana ya será otro día.
Víctor le coge con dulzura de la mano y le hace sentarse en la cama. Aroa no protesta y se sienta. Le mira interrogante. Tiene los sentidos desconectados y no sabe ni cómo reaccionar. Él le devuelve la mirada con intensidad. La sonrisa de Aroa estalla y después, la de Víctor. Y, cuando consigue recuperar sus capacidades cognitivas, articula unas palabras con torpeza.
-Muchas...gracias por todo, Víctor. No me cansaré de repetírtelo.-El muchacho sonríe y le acaricia la mejilla con los dedos.
-Tienes sueño, vaya cara que tienes...-Víctor suelta una carcajada.
-Gracias, eh.-Aroa se hace la ofendida y frunce el ceño.
-Pero deberías saber que tú siempre estás preciosa. Sea como sea.-Aroa le mira con incredulidad y él sonríe ampliamente con cara de niño bueno.-Y ahora, no tardes en dormirte. Tienes que descansar.
Víctor da unos pasos hacia la puerta. De pronto, Aroa corre hacia él. Y, cuando este se gira, ella se le echa encima. Y, sin esperar mucho tiempo, sus labios terminan encontrándose. Tras unos segundos, Víctor se recompone y la agarra de la cintura con delicadeza. La acerca más a él. El beso continúa y sabe a demasiadas cosas. Al tiempo que dejaron escapar y a todos esos momentos en los que sus mirada expresaban sus sentimientos. Aroa se aparta de él.
-Buenas noches, Víctor.-Esboza una sonrisa sincera y susurra.-¡Ah! Si en medio de la noche aparezco en tu habitación, no te preocupes, es que necesito estar cerca de ti.

23.9.13

Capítulo 12. Otro engaño más.



Vero sonríe. Otra vez. Y vuelve a releer la última conversación que tuvo con él. Se siente estúpida y eso le preocupa. Nunca antes se había sentido así con nadie. ¿Qué tiene este chico que le hace tan especial? Y pensar que todo comenzó tras el beso que ella misma le robó cuando él le acompañó a su casa. Vero ya no soportaba más sentirse rechazada por él y se lanzó a besarle. Y el, se dejó besar, naturalmente. Lo recuerda perfectamente.
-¿Es esta tu casa?
Vero intentó responderle justo cuando estaba dando unos pasos, antes de tropezarse. Marcos, asustado, la agarró de la cintura con firmeza para evitar que se diera de bruces contra el suelo.
-Parece que te estoy llevando a casa tras una borrachera. Si yo tenía razón cuando te dije que eras torpe, ¿eh?-Vero le fulminó con la mirada y Marcos no consiguió reprimir una sonrisa divertida que se apoderaba de sus labios. Sonrisa que luego se transformó en risotada e hizo que Vero no pudiera evitar soltar una carcajada también y se tragara el orgullo. Y como dos estúpidos, comenzaron a reíse cada vez más alto. Al fin, Vero sonrió y le miró a sus ojos oscuros. Y entonces, pasó. Marcos comenzó a acariciarle la cintura hasta llegar a juguetear con su pelo. Y ella se derritió. Y él comenzó a besarle las mejillas.
-¿No decías que no querías nada conmigo?-Pregunta Vero, en pie de guerra.
-No mientras estuvieras inconsciente, aclaro.-Marcos susurra sonriente y se acerca a ella. Y Vero le besa, sin esperar su reacción. La sensación le recorrió el cuerpo entero. Y él se sentía inmóvil, atontado ante la espontaneidad de Vero. Ella es absolutamente cautivadora y Marcos ya se había fijado desde que la vio en aquella parada.
Presente. ¿Y ahora que ha conseguido lo que quería? ¿Qué hacer? Ya está con Marcos y es feliz. La trata bien y ella se siente a gusto con él. Entonces, ¿cuál es el problema?
El problema en sí es estar enamorada, piensa Vero. Y por idiota, voy a pasarlo mal...
Como todos los idiotas que se enamoran...

♥♥♥

Aitor espera contra una pared y, distraído, tamborilea el pie. Al fin Lucía ha conseguido llegar. Su cara es un poema. El maquillaje se ha deslizado hasta sus mejillas, donde se ha formado un remolino de color negro y sus ojos azules parecen descoloridos, teñidos de tristeza. En cuanto Aitor la ve, se acerca a ella corriendo.
-¿Qué te pasa? ¿Estás bien? ¿Por qué no respondiste a mis llamadas? Estaba preocupado...-Lucía agacha la cabeza y, cuando sus ojos se encuentran, él se descompone. Su expresión angustiada ablanda a Aitor. ¿Qué la sucede?
-Eres un desgraciado.-Susurra Lucía. Y, poco a poco, va alzando la voz hasta perder el control.-Preocuparte por mí hoy es importante, ¿verdad? Tu puto último día de apuesta. ¿Te ha resultado fácil, capullo? Yo, porque soy idiota y confío en desconocidos...
-Lucía, ¿de qué hablas?-Suena muy cariñoso. 
Aitor se acerca con cautela e intenta calmarla con extrema suavidad. Ella se aparta con violencia.
-Ni se te ocurra tocarme, pedazo de capullo. Ni hoy ni en tu vida. Ahora vete con otra que te lo ponga igual de fácil, pero yo ya no soy tu estúpida. Porque sabía que no podía confiar en ti. Tu puta apuesta tenía que joderlo todo.-Lucía sigue sollozando y se limpia las lágrimas con la mano, desconsolada.
-¿Qué apuesta?-La expresión de Aitor es indescriptible. Su cara está descompuesta y está totalmente desconcertado.-Cálmate, por favor.
-Yo no pierdo más mi tiempo contigo, idiota.-Lucía le mira a los ojos y escupe cada palabra con odio. Se gira con rapidez y hace un intento de marcharse. Aitor la atrapa por la cintura y ella se gira con rudeza. De inmediato, le pega una bofetada que él no espera y ella consigue marcharse lejos.
De él, de su engaño y de su inocencia por haberse enamorado de un desconocido. De lo que no consigue escapar es del dolor que se muestra en cada lágrima que arde en sus mejillas...



Aroa está llegando al parque donde supuestamente está Natalia. Camina ligera e intenta llegar lo antes posible. Está preocupada por ella. ¿Qué le habrá pasa pasado? ¿Le habrá hecho algo Álvaro? ¿Querrá vengarse de Natalia por haberle dejado? Aroa sacude la cabeza debido al rumbo de su pensamiento. En seguida la visualiza. Está sentada en un banco y parece que ha dejado de llorar. Aroa frunce el ceño y se acerca a ella con cautela.
-¿Natalia?-Aroa susurra, extrañada.
La joven le mira y sonríe, con una nota de malicia en sus ojos oscuros.
-Ven, Aroa.-Le dice invitándola a sentarse al lado de ella.
-¿Estás bien? ¿Te ha hecho algo Álvaro?-Suelta Aroa sin rodeos mientras se dirige a sentarse.
-Oh, Aroa.-Natalia suelta una carcajada irónica y Aroa la mira con curiosidad.-Si supieras lo bien que estoy...
-Pero, antes, por teléfono...-Aroa la mira ceñuda.
-No, tranquila, cielo. Estaba así para que vinieras con rapidez. No me gusta perder el tiempo, ¿sabes?-Natalia la mira sonriendo con maldad.
-¿De qué coño vas? ¿Qué te ha hecho, Natalia?-Aroa chasquea la lengua y la sonrisa de Natalia roza la paranoia.
-A mí no me ha hecho nada. Es a ti a la que te tiene como una estúpida detrás de él. Porque sé perfectamente que sigues enamorada. Pero no le busques, porque te las tendrás que ver conmigo, Aroa.
-Espera, espera. ¿Te crees que aún me gusta Álvaro? Estás demasiado equivocada, Natalia. Por mí, te lo quedas tú. Yo no quiero nada con él, ya ves tú.
Natalia suelta otra risotada y prosigue con su discurso.
-¿Sabes? Una ya se cansa de ser siempre la segundona. La fea, la rara. A la que nadie presta atención porque es muy tímida, porque nunca sonríe ni habla de nada. Yo ya me cansé de aguantarte a ti cerca de Álvaro. De que tuvieras que estar con el único que me prestaba atención y parecía importarle. Y claro, estuve demasiado tiempo ocultando lo que sentía por ti. Por los dos. Porque la niña estúpida no quería estorbar a la parejita perfecta...
-Natalia, yo...
-AHORA CÁLLATE.-Natalia grita y Aroa le mira desquiciada.-Estaba cansada de no hacer nada. Hasta que un día Álvaro me besó. Él aún estaba contigo.-Aroa la mira congelada y siente que arde de rabia. ¿Álvaro la engañó?-Simplemente te lo digo para que no pienses que él siempre ha estado a tu disposición. Si acaso, tú has sido su juguetito.
Aroa se levanta del banco como una autómata. Pretende marcharse sin más, pero Natalia se levanta con ella y la detiene, sujetándola la muñeca. De pronto, Aroa se gira y la empuja con violencia.
-Eres una envidiosa, Natalia. Te jode que nunca te haya querido a ti y ahora vienes a inventarte esa historia...-Aroa la mira con repulsión y arruga la nariz.-Me das asco.
A lo lejos, Álvaro viene corriendo. El que faltaba...
-Eh, Aroa. ¿De qué vas? Te he visto empujándola.
Natalia se levanta con rapidez y se cuelga de su brazo. Cambia la voz y hasta parece que empieza a llorar.
-Si, cielo. Cuéntale. Dile que es verdad que me besaste mientras tú aún estabas con ella.

Aroa se siente pequeña, vulnerable ante sus palabras que actúan hiriéndola aunque ella lo evite. ¿A qué viene revolver su pasado? La expresión de Aroa es indescriptible y su interior está hecho añicos, destrozada milímetro a milímetro. Arrollada, adolorida y rematada. No se podía pasar tantos malos ratos seguidos. Aroa traga saliva y suspira hondo. Tendrá que salir de allí evitando llorar.